Enciclopedia Virtual de las Serpientes
Subfamilia Pythoninae
Fitzinger, 1826
Taxonomy ID 196246


Probablemente, la Subfamilia Pythoninae dió origen a las antiguas leyendas sobre los dragones. Esta Subfamilia junto con sus afines, los Boinae y Ericinae, incluyen ofidios enormes, de varios metros de longitud, y otros de dimensiones mucho más discretas (de pocos decímetros).
Tienen la cabeza más o menos diferenciada del cuerpo, triangular o alargada, con hueso supraorbital y premaxilar por lo común provisto de dientes.
El cuerpo, robusto y musculoso, aparece hundido a lo largo de la parte media del dorso y levantado a cada lado de esta concavidad, debido a los robustos músculos que existen en las zonas laterales.
La cola es relativamente corta, y con frecuencia prensil.
La cabeza se halla cubierta de placas o de pequeñas escamas.
La mayoría de los Pythoninae poseen sobre el labio superior, pequeñas fosetas sensoriales que desempeñan una función termorreceptora, similares a las fosetas loreales que presentan la Subfamilia Crotalinae.
Por su parte dorsal, el cuerpo está revestido de pequeñas escamas hexagonales, mientras en el vientre se observan unos escudos pequeños y anchos.
El examen del esqueleto denota, en general, la presencia de vestigios de la cintura pelviana (cíngulo abdominal) y de los dos fémures, que externamente resultan visibles en forma de espolones córneos a los lados de la cloaca.
El maxilar y la mandíbula, los huesos palatinos, el pterigoides y el intermaxilar están armados de dientes robustos.
Los ojos, relativamente pequeños, tienen la pupila vertical.
Los orificios nasales, reducidos, se abren hacia arriba.
El pulmón derecho se encuentra bien desarrollado.
Las especies de medianas y grandes dimensiones poseen en la piel elegantes dibujos y bellos colores.
Estos ofidios pueblan los bosques y las selvas donde existen aguas estancadas o están surcados por cursos fluviales. No obstante, ciertas especies se establecen también en los lugares secos, y otras incluso se entierran.
Hacia el anochecer inician su actividad y salen para recorrer todo el territorio en busca de presas. Durante el día suelen permanecer en reposo en las posturas más variadas, y casi siempre en zonas de sombra. Algunos trepan a los árboles, se arrollan en una rama o se cuelgan de ella por medio de su cola prensil. Otros se acomodan en los claros de los bosques o entre las matas, estirados en toda su longitud, o bien, lo que es más frecuente, enrollados sobre sí mismos formando una especie de disco. En reposo permanecen inmóviles, sólo se mueven en caso de peligro o cuando, tras una caza infructuosa, advierten la presencia de alguna presa, que puede ser un mamífero, un pájaro, un saurio, etc. Entonces el disco se distiende con celeridad y el poderoso reptil se apresta a perseguir a su víctima, con ininterrumpida proyección de lengüetazos, mientras los ojos permanecen firmes en la víctima. Repentinamente, la cabeza se adelanta, la boca se abre de par en par y aferra al animal perseguido, y lo estrecha entre sus anillos. Rara vez la víctima tiene ocasión de reaccionar, y si a veces deja oír un estertor, se debe a que el aire que contenían sus pulmones es empujado con violencia hasta la laringe por la tremenda presión que ejerce. Al poco tiempo, la víctima queda inerte, y ya sería imposible separarla del cuerpo del ofidio, cuya fuerza muscular supera a la del hombre más corpulento. El Pythoninae calcula con absoluta precisión la fuerza que debe emplear para asfixiar la presa. Los mamíferos mueren entre sus anillos en menos de diez minutos y a veces alcanza con cinco. Cuando advierte que la presa está muerta sin lugar a dudas, desenrolla con cuidado su cuerpo, toca a la víctima con su lengua, abre de par en par su boca, la aferra por la cabeza e inicia la fatigosa labor de la deglución. Adelantando con movimientos alternos las dos partes de la mandíbula, clava los dientes en la presa y poco a poco la va introduciendo hacia el interior de las fauces, mientras la abundante secreción de saliva lubrica convenientemente el lento avance. El bocado pasa del esófago al estómago.
La boca de estos ofidios puede dilatarse por algún tiempo, pero no indefinidamente. En contra de lo que sugiere una creencia muy extendida, ningún Pythoninae, ni los de más grandes dimensiones, es capaz de devorar una persona adulta, un buey, un caballo o un ciervo grande, pues la deglución de un corzo, por ejemplo, ya supone, incluso para los de mayor tamaño de esta Subfamilia, una dificultad casi imposible de superar.
Como todos los demás Ofidios, los Pythoninae, después de una comida abundante, caen en un estado de inercia y de impotencia absoluta que se prolonga hasta que termina la digestión. Ésta, sin embargo, se produce con extraordinaria rapidez. Según indican las observaciones que han realizado en ejemplares mantenidos en cautiverio, el mamífero de mayores dimensiones que puede deglutir uno de estos Ofidios, al cabo de cuatro días está completamente digerido, entonces, expulsa los residuos con pelo y otras sustancias no digeribles. A partir de ese momento vuelve a estar hambriento. No obstante, tras efectuar una comida copiosa, puede ayunar durante semanas, e incluso durante un período de un mes.
Existe por lo menos un caso auténtico de una mujer que fue atacada y muerta mientras lavaba la ropa en un río. El Pitón agresor medía cuatro metros y medio de longitud. Cabe destacar que la mujer fue muerta pero no engullida por el animal.
Por lo que se refiere a la reproducción, todos los Pythoninae ponen huevos. Éstos son de color blanco. En las especies de mayor tamaño el número de la puesta puede superar el centenar. Las hembras cubren la puesta con su propio cuerpo, y la incuban varias semanas sin alimentarse siquiera, dejan muy pocas veces el nido, únicamente para beber. Durante el período incubador, la temperatura de la hembra, en el interior de sus anillos, supera en varios grados, hasta siete, la del ambiente. La serpiente permanece arrollada alrededor de la masa de huevos hasta que las crías empiezan a salir de la cáscara. El tiempo que transcurre desde la puesta hasta el nacimiento, puede llegar a ser de ochenta días.
Las crías recién nacidas miden de sesenta a setenta y cinco centímetros, y pesan de ciento setenta a doscientos treinta gramos. Su desarrollo es rápido al principio, unos sesenta centímetros o más por año. Al cabo de cuatro o cinco años la velocidad de crecimiento disminuye a unos treinta centímetros.
La peculiar disposición de la musculatura y de las escamas ventrales de Pythoninae, Boinae y Ericinae les permiten avanzar en línea recta, no con ondulaciones, cuando la morfología del suelo se presta a ello.
Pueden ser capturados vivos sin gran dificultad por medio de lazos corredizos tendidos frente a sus cubiles.
El mantenimiento de los grandes Pythoninae en los parques zoológicos plantea problemas muy complejos, debido al hecho que, en cautividad, estos animales se tornan en ocasiones apáticos e indiferentes, incluso frente a las presas por las que habitualmente muestran preferencia. Tanto es así que si se los abandonaran a sí mismos morirían de inanición.
Tanto los Pythoninae como los Boinae y Ericinae se distinguen por sus caracteres poco evolucionados, por ejemplo, no disponen de veneno, carencia que se ven obligados a suplir mediante el empleo de la técnica de constricción para matar a sus presas.
El área de dispersión de los Pythoninae abarca África occidental por todo el continente al sur del Sahara desde la India al sur de China, por toda Indonesia hasta la isla oriental de Timor. En Nueva Guinea y Australia, en lugar de los grandes Pythoninae, encontramos una gran diversidad de otros tipos de esta subfamilia de dimensiones mucho menores.
Los Pythoninae no existen en América donde están suplantados por los Boinae.
La Subfamilia Pythoninae incluye ofidios que se caracterizan por:

- dimensiones muy variables, con especies gigantescas.
- ojos muy pequeños con pupila elíptica y vertical.
- premaxilar provisto de dientes.
- presencia de hueso supraorbital.
- cola corta y cónica, a veces prensil.
- vestigios de pelvis y de extremidades posteriores. Éstas aparecen al exterior a uno y otro lado de la cloaca, en forma de pequeños espolones.
- generalmente son de reproducción ovípara.
- se difieren de los Boinae porque ponen huevos, los cuales, por lo menos en la mayor parte de las formas son incubados por las hembras.

La Subfamilia incluye diez géneros.

Géneros:

Antaresia
Apodora
Aspidites
Bothrochilus

Broghammerus

Katrinus
Leiopython
Liasis
Morelia
Python

Gráfico

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